Sendas y rutas por las que perderse.

La belleza los paisajes, sendas y rutas que componen esta zona de Cantabria la convierten en el destino ideal para el descanso y disfrute de la naturaleza.  Sin olvidarnos del maravilloso nacimiento del rió Asón, con su cascada de 70 metros, en el parque Natural de Collados del Asón. El mirador sobre las cascadas del río Gandara debería ser también 

una parada obligatoria. 

Su nacimiento es una espectacular cascada de 70 metros. Un dicho popular cuenta que no es una cascada, sino el pelo plateado de una anjana, ser de la mitología cántabra.

Este municipio no nos dejara indiferentes si buscamos conectar con la naturaleza, sus bosques son una maravilla natural. Ademas de conectar con la naturaleza podrem

 

os acercarnos a las costumbres ancestrales a través de las marzas.

Coplas que los mozos santanderinos van cantando de noche por las casas de las aldeas, en alabanza de la primavera, de los dueños de la casa, etc. 

Las Marzas

 

Los grupos marceros estaban compuestos por varones, ya que la ley y la costumbre de las marzas no consienten más que a mozos solteros”, por ser este “un de

 

recho indiscutido de todo mozo soltero” (a excepción de las Pascuas de Resurrección, en las que suelen intervenir cuadrillas mixtas de mozos y mozas). Estos grupos están formados por cuadrillas o comparsas que reciben los nombres de marzantes, marceros o pasqueros (cuando salen por Pascua). A veces estas cuadrillas de marceros, si los mozos tenían conflicto entre ellos y no salían a rondar, eran sustituidas por comparsas de hombres casados.

Internamente la cuadrilla de marzantes se encontraba conformada por el presidente, mozo viejo, regidor, caporal o amo (mozo soltero de más edad), que tenía la máxima autoridad dentro del grupo; los quintos del año; un conjunto homogéneo de varios mozos de edades similares, de un mismo ámbito intracomunitario e igual estatus social; y aquel o aquellos jóvenes que ese año entraban a mozos y marceaban por vez primera, una vez cumplidos los quince o dieciséis años, una vez pagada la patente, la cuota o los derechos: pago en metálico o en cántaras de vino, que daba al novicio el derecho a marcear y poder echarse novia, a partir de entonces.